viernes, 1 de junio de 2012

Mi esclavitud: ...como vivo mi vida.

Así es...

A veces se me atragantan las palabras que expresan cómo me siento, qué tipo de vida me está haciendo tan feliz, de qué modo mi Dueño ha sabido convertirme en lo que soy, Su habilidad para leer en mi cuerpo y en mi mente, para moldearme, hacerme Su objeto.

Desde los tiempos en los que mis obligaciones no iban más allá de dormir desnuda, esperar Su llamada, masturbarme a Su orden, anhelar cada fin de semana a Su lado hasta hoy ha cambiado mucho mi forma de vivir y mi forma de pensar. ¿Es lo correcto vivir como vivo? ¿Es mentalmente saludable? Opiniones para todos los gustos, pero no olvidemos... la única opinión que me importa es la de mi Señor. No pido opiniones. Solo comparto el estilo de vida que sigo, mi dedicación, mi plenitud como persona, mi esclavitud. Mi felicidad.

Habrá costumbres u obligaciones que se considerarán más light o más extremas; dependerá de quien lo mire. Habrá quien comparta este tipo particular de bdsm, quien lo disfrute y quien le parezca aburrido o insoportable. Yo misma sé de algún tipo de esclavitud o de experiencias que sería incapaz de experimentar (no hablemos ya de acostumbrarme). Sin embargo, esto es lo bonito: una relación para cada pareja. Sus leyes, sus reglas, sus juegos. Al igual que las mías y las de mi Dueño.

Intentamos llevar el protocolo a la máxima expresión. A todas horas, y todos los días de mi vida, tengo muy presente llamar a mi Señor educadamente, pidiendo permiso para hablar, de rodillas, esperando la confirmación o la denegación de tal permiso. Muchas son las ocasiones en las que mi Señor no me permite preguntarle lo que me ronda en la cabeza, y sencillamente me he acostumbrado a olvidarlo y seguir adelante con cualquier otra cosa que estuviese haciendo. Ante conocidos, ocultamos nuestra vida, pero en las ocasiones en las que hemos viajado a otras ciudades, he sido obligada a mantener estrictamente el protocolo. Hemos comido en un bar; ante la llegada del camarero, mi Amo me ha preguntado "¿qué quieres comer, perra?" a lo que he respondido "lo que Usted desee para mí, mi Dueño". La cara del camarero de no dar crédito a lo que ha oído me avergüenza pero igualmente me reconforta. La sensación de humillación en otras situaciones parecidas, o alguna más fuerte, me ha hecho ponerme muy roja (en alguna ocasión casi llorar de vergüenza), pero también me recorre una descarga por todo mi cuerpo que se aloja justo en mi coño mojado. Antiguamente era incapaz de plantearme siquiera que mi vida sería tal cual así. Pero el deseo de un 24/7 en este sentido hace que me sienta muy cómoda, y que me esfuerce en intentar mantener el protocolo siempre presente.

El bondage extremo es parte normal de mi vida. Quizá no sea tan vistoso como el que puede verse en vídeos dedicados a la materia. Quizá mi Dueño no sea de origen japonés. Pero la inmovilización es parte activa de mi vida; mi Señor me inmovilizará cuando desee hacerlo, por el tiempo que desee, y yo cumpliré sin necesidad de mentalizarme para ello, autómata. Sinceramente, siempre intuí que esta era la dirección que tomarían mis experiencias. Cada día un poco más. Cada día un nuevo nudo. Siempre supe que de llegar a un 24/7, el bondage sería aceptado tal y como el respirar, aunque mis primeras sesiones necesitaba mentalizarme para ello. Y ahora, simplemente lo doy por hecho. Doy por hecho que puedo estar muchas horas atada. Hay ocasiones en las que mi Señor desea que pase la noche inmovilizada. A veces Él va a dormir, olvidándose de mí. A veces se despierta varias horas después y aprovecha para jugar unos minutos con mi cuerpo inmóvil. A veces espero a mi Dueño durante quince o veinte horas, apareciendo solo para liberarme. A veces me corro con el duro roce de las cuerdas alrededor de mi cuerpo, un orgasmo prohibido sin la presencia de mi Amo. A veces desespero hasta que lloro y grito Su nombre. Y cada nueva experiencia, ya sean dos horas o cincuenta, ya finalice en orgasmo o en llanto, las considero normales en mi vida, una obligación cotidiana, un deber de la esclava para con su Dueño.

El sexo dejó de significar para mí una expresión de amor hacia la pareja hace mucho tiempo. El sexo es la obligación que contrae la esclava de uso y disfrute de su cuerpo para el Amo y para quien quiera que el Amo disponga. Pongo a la disposición de mi Dueño mi cuerpo, mis agujeros, mis orgasmos y mis habilidades sexuales para Su disfrute, por obligación, para el momento que mi Señor estime oportuno y cuantas veces desee. Empecé a acostumbrarme a ello muy pronto, pues mi deseo como sumisa siempre fue el sentirme un mero objeto que Él maneja a Su antojo. Sin embargo, nunca imaginé que entrarían algunas amistades de mi Dueño y aceptaría ser follada simplemente por obligación. Tampoco imaginé que estas relaciones multitudinarias pueden hacerme sentir tan bien: son la muestra perfecta para mi Dueño de Su absoluto poder sobre mí, y el cuerpo se me llena de orgullo ante las alabanzas de mi Señor y Sus amistades. ¿Aceptaré algún día ser cedida? No lo sé. En nuestro contrato de esclavitud es una prohibición expresa. Y realmente me da mucha inseguridad ir a casa de otro Amo, cedida para ser usada por otras personas sin la guía y el amparo de mi Señor. Pero la mentalidad cambia con el tiempo, y nunca puedo decir que no haré tal cosa, ni estaré dispuesta a aceptar algún capricho expreso de mi Dueño, porque mi cuerpo me pide cada vez más, cumplir con todos y cada uno de Sus antojos, sin excepción.

La hora de la comida nunca fue como había imaginado. Comer de un bol, directamente echada en el suelo como una auténtica perra, era un juego que alguna vez hicimos en los comienzos, pero que no dejaba de ser un acto de humillación para la sesión que luego vendría, o un castigo a uno de mis errores. Sin embargo, ahora se convierte en norma. No ocurre a diario, hay días que como junto a mi Señor, o que almuerzo en la cocina una vez que he recogido el salón. Pero es bastante normal agazaparme en el suelo, con un plato de comida, un bol o cualquier otro recipiente, incluso con mis manos atadas a la espalda, y comer como una perra, tal cual soy. Me resulta una norma sencilla de cumplir y que me amolda muy bien al deseo de esclavitud, así que ¿por qué no aceptarla de buen grado?

Por último desearía destacar el aspecto más introvertido de toda relación: los castigos físicos. Siempre imaginé que un 24/7 idílico era  una relación en la que has de estar en todo momento inquieta, esperando cualquier castigo doloroso que llegaría por un motivo u otro. O dicho de otro modo, que el castigo es el guía de la esclava en su día a día. Algo así como: una perfecta esclavitud es una aceptación total del dolor. ¿Quién me metería esta idea en la cabeza? Estaba tan equivocada... Bien es cierto que acepto los castigos físicos tal cual acordamos y registramos en nuestro contrato de esclavitud. Pero no hay ninguna correlación posible entre evolución de la esclava y número de castigos acumulados en su vida. Los castigos han sido, y siguen siendo en nuestra relación, fruto de errores reconocidos míos. Pero no son deseos innatos en mi Dueño, ni caprichos personales Suyos. Con lo que si no hay un motivo obvio y bastante evidente, mi espalda no será azotada, o mi culo no será castigado. Esto no significa que no sea castigada con otro tipo de castigos no físicos por motivos menos serios. Cada fallo lleva su castigo. Pero no por ser esclava 24/7 mi espalda estará llena de marcas de sangre. El castigo no es el guía de la esclava; lo es Su Dueño. Y mi Dueño me ha demostrado cómo transformarme en su juguete sin golpearme por cada error cometido.

laura{Hielo}
La zorra esclava de Hielo.

miércoles, 4 de abril de 2012

Mis pensamientos: fotografías.

Tres hombres entraron en casa el otro día; amistades de mi Dueño. Fue el sábado tarde, e inconscientemente calculé las horas que podría durar la visita: no más de cuatro o cinco. ¿Por qué lo pensé? ¿Para infundarme 5 horas de valor? ¿Es eso lo que necesito?
Otras veces he sido usada por terceras personas: no es nada nuevo. Pero hasta ahora eran personas a las que puedo considerar amistades mías. No obstante, soy plenamente consciente de mi posición, de lo que cualquier persona que entra en casa de mi Dueño puede desear de mí sin siquiera pedirme permiso. La esclava ha de obedecer. Hay papeles firmados. Pero nunca un papel firmado dio valor ni previno de lo que ocurrirá en el día concreto. Llegado el momento solo sabes que es ese momento. Y ese momento es una fotografía que permanecerá en la memoria de tu Dueño. Y esa fotografía será una magnífica instantánea a recordar o un contorno borroso desesperante. El resultado depende de mí.
Acatar órdenes, ser servicial, mostrarse o sonreír son hechos obligados. No es eso lo que hará sentir orgulloso al Amo. Es la actitud de la esclava: el deseo mostrado, el disfrute, las sensaciones transmitidas, la muestra de diversión; todo eso que no está escrito en ningún contrato. La actitud es la que marca la diferencia entre dos fotografías.
Una fotografía perfecta: ese es el deseo de mi Dueño. También es el mío. Mi anhelo y esfuerzo, por encima de todo. Porque cuando a Su mente llegue el recuerdo de tal fotografía, mi actitud ante las visitas le enorgullecerá y le instará a contemplar esa foto unos minutos más. Y esa foto se hará recuerdo. Se hará disfrute. Y con Su disfrute mi mayor felicidad.
¿Necesito 5 horas de valor? No, por supuesto que no. Pero necesito actitud, necesito repasar contínumente lo que más feliz hará a mi Dueño, tenerlo impreso en mi mente. Disfrutar de esas horas de trabajo justo como Él desea que ocurran. Necesito crear una buena fotografía, en la que no me tiemble el pulso; que sirva para ser recordada. Porque nuestra vida son fotografías pasadas, una tras otra, circulando por enormes avenidas en nuestra cabeza. Cuantas menos fotos torcidas tanto mayor impulso tendrá nuestra felicidad.
Tres hombres entraron en casa el otro día y se marcharon pasadas algo más de tres horas. Todos quedaron impresionados. Mi Dueño encantado, maravillado. Yo plenamente feliz

laura{Hielo}
La zorra esclava de Hielo.

jueves, 22 de marzo de 2012

Mis obligaciones: leer un libro.


La obligación más dulce: leer.
En principio esa fue la enigmática orden de mi Señor. Pero mi mente corre deprisa, sedienta como mi cuerpo. Imaginé juegos que anteriormente había practicado. Imaginé situaciones morbosas. Me adiviné disfrutando.
A mi Dueño le han hablado muy bien de una novela (que casualmente yo leí hace ya algunos años), así que ha decidido que cada día su esclava personal le leerá durante una hora, justo después de la cena. Durante esta hora diaria, mi Amo suele jugar conmigo: me pellizca los pezones o me los pinza, me come el coño o me masturba con fuerza, me susurra al oído, coloca su santa polla entre mis nalgas o me penetra, o se corre sobre mí, o simplemente permanece sentado oyendo.
Por supuesto tengo terminantemente prohibido abandonarme a mi placer, pues mi único cometido ha de ser leerle a mi Dueño. Sin embargo, me resulta imposible no desconcentrarme a veces de la lectura, fallar en mi entonación, ahogar mi voz a media palabra o incluso gritar y correrme de forma prohibida. Para todo fallo hay el conveniente corrector, que yo acepto como parte de mi esclavitud.
Hoy será mi tercer día de lectura. Al ritmo de lectura, calculo que para el octavo-a-décimo día habré terminado la novela. No creo que mi Señor haya entendido mucho, del mismo modo que dudo que yo pueda ser una buena lectora en tales condiciones. Cuando la leí por primera vez, no me resultó especialmente estimulante. Ahora, conforme llega la hora de la lectura, mi cuerpo tirita de nervios, mi estómago se contrae y mi coño se humedece.
Esta es la vida que me gusta: un verdadero juguete, el objeto sexual de mi Dueño. La gente vainilla no desea ser tratada como objeto; para mí es lo más preciado de mi existencia.

laura{Hielo}
La zorra esclava de Hielo.

domingo, 4 de marzo de 2012

Mi esclavitud: Contrato de esclavitud.

Los dos, Amo Hielo y su zorra, le dimos la bienvenida a nuestra nueva vida elaborando un detalladísimo Contrato de esclavitud que contempla todos y cada uno de los derechos y deberes, tanto míos como de mi Señor.
Se elaboró con tranquilidad, y sobre todo, con libertad y cabeza. Eso es siempre lo importante.

laura{Hielo}
La zorra esclava de Hielo.




CONTRATO DE ESCLAVITUD


En plenas facultades mentales, y como prueba expresa del profundo amor, devoción y pertenencia a la persona a la que adoro, firmo libremente y sin coacción este contrato de esclavitud en la que le hago traspaso de todos mis derechos y poderes a dicha persona, por tiempo indefinido, las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana.

Las características generales y especiales del contrato de esclavitud han sido creadas, revisadas y firmadas de forma conjunta entre ambas partes; de un lado la esclava, laura{Hielo}, mayor de edad y totalmente consciente de todos los puntos del contrato; del otro lado, Amo Hielo, mayor de edad y totalmente consciente de todos los puntos del contrato.

CARACTERÍSTICAS GENERALES

La esclava debe obedecer a su Amo en todos los aspectos de su vida, tanto física como mentalmente, de la forma que más honestamente considere, con el objetivo de agradar y hacer feliz al Amo.
La esclava será plenamente consciente de su estado de inferioridad, de sus obligaciones y de sus compromisos para con el Amo, y antepondrá éstos a cualquier idea, deseo o anhelo personal. Del mismo modo, no olvidará que puede ser reprendida si ante cualquier muestra personal ante el Amo, Éste considera que contraviene con Sus propios deseos personales.
La esclava no olvidará que está obligada contractualmente a responder con absoluta y completa sinceridad a cualquier pregunta planteada por el Amo, o por cualquier otra persona a instancia de Éste.
La esclava sabe y comprende que los tres pilares básicos del deseo del Amo son complacerle sexualmente, cumplir sus expectativas de pareja y acatar sus obligaciones de servidumbre, sin orden de preferencia ni importancia entre ellos.
La esclava no olvidará el protocolo, salvo en los casos detallados en las "Características Protocolarias".
La esclava tiene prohibido faltar al hogar, excepto en los casos detallados en el apartado "Contacto" de las "Características Personales".
La esclava renuncia de forma completa y definitiva a su vida privada, a su intimidad y a su pudor, tanto de cuestiones anteriores como posteriores a este contrato de esclavitud, a excepción de lo detallado en el apartado "Comportamiento" de las "Características Personales".
La esclava aceptará y estará plena y diariamente dispuesta para ser usada en forma y tiempo que el Amo estime adecuado, sin límites, siempre que cumpla con lo detallado en las "Caracteríticas Sexuales".
La esclava tiene terminantemente prohibido intimar con cualquier persona, hombre o mujer, a desconocimiento del Amo. Solo Él decide con quién puede establecer relación la esclava, salvo en lo detallado en el apartado "Contacto" de las "Características Personales".
La esclava aceptará cualquier castigo impuesto dentro de lo detallado en los "Castigos", sin posibilidad de objeción. Ni gritos ni llantos reducirán dichos castigos siempre y cuando estén dentro de lo detallado contractualmente.
La esclava sabe que su situación de esclavitud es completa y de por vida. El contrato puede romperse por cualquiera de las dos partes, pero eso dará lugar a la separación completa y definitiva de ambas partes, sin excepción ni posibilidad de arrepentimiento.
Las condiciones de este contrato de esclavitud no pueden cambiarse, salvo pacto mutuo y libre entre las dos partes, para lo cual se firmará un nuevo contrato, o se añadirán las cláusulas correspondientes.
Cualquiera de los derechos que el Amo tiene sobre la esclava puede Él obviarlo a su juicio, aunque haciéndoselo constar claramente a la esclava. La esclava, por su parte, no tiene posibilidad de obviar ninguna de las partes de este contrato de esclavitud.


CARACTERÍSTICAS PERSONALES

La esclava está obligada a llevar el estilo de vida impuesto por el Amo, de forma completa, durante todo el día y todos los días mientras este contrato esté vigente. No obstante, hay una ley de mayor importancia, llamada LEY SUPREMA, que impera sobre el resto del contrato en todos y cada uno de sus ámbitos y características. Y es el que sigue:
"La esclava y el Amo están obligados a disimular su estilo de vida, sus gustos, derechos, obligaciones y leyes, ante cualquier amistad o familiar que desconozca del estilo de vida llevado por ambos. Amo y esclava han de tener la seguridad de que dicha persona desconoce de dicho estilo de vida. Si uno de los dos miembros del presente contrato no lo sabe, o surge la duda, por mínima que sea, de que la tercera persona no conoce de dicha vida íntima, ha de comunicárselo a la otra parte en el menor tiempo posible, de modo que ambas partes sepan que han de comportarse según esta ley. Cualquier gesto, palabra o acto que pudira poner en entredicho el secreto del estilo de vida está terminantemente prohibido. Esta ley solo puede ser ignorada por pacto de común acuerdo cuando ambas partes consideren poner en conocimiento del estilo de vida llevado a la tercera persona".
Las obligaciones personales de la esclava son:
1) VESTUARIO:
La esclava tiene terminantemente prohibido el uso de la ropa interior. Su armario personal carecerá de ellas, salvo de los conjuntos, bragas, tangas, sujetadores u otras prendas que el Amo guarde en su propio armario y que usará a decisión unilateral de Él. Además de la lencería de contenido sexual, el Amo dispondrá un par de bragas básicas a uso exclusivo de los días de la esclava con la regla, y de cuantos bikinis o trajes de baño que Él estime oportuno, y que serán de uso a su orden.
La esclava tiene libertad para escoger su estilo a la hora de vestir, sin embargo ha de ser consciente de que siempre ha de consultar cualquier prenda que quiera usar y puede esperar negársele cualquiera de ellas, sin excepción de prendas o conjuntos.
La esclava tiene prohibido comprar ropa que no haya sido aceptada anteriormente por el Amo. No obstante, Él puede comprar cualquier prenda que estime oportuno y obligarla a ponérsela para salir a la calle. Sin embargo, aquí impera la Ley Suprema, de modo que la esclava no puede ser obligada a vestirse de modo que cualquier amistad o familiar con el que corran el riesgo de encontrarse pueda sospechar de su estilo de vida. En los casos en los que a juicio del Amo haya probada y absoluta convicción de que es imposible el encuentro accidental con familiares o amigos, la esclava está obligada a vestir del modo que elija el Amo, independientemente de lo humillante que pueda ser para la esclava o de las partes de su cuerpo que queden visibles.
En casa, la esclava tiene prohibido la ropa. Ha de vivir completamente desnuda siempre independientemente de la hora del día, la estación del año o incluso la visita que haya en casa, salvo que esto entre en conflicto con la Ley Suprema. No obstante, cuando la esclava sienta frío, es completamente libre de solicitar tantas mantas o abrigos sean necesarios para su comodidad, sin requerir de permisos especiales y a buen juicio del Amo de que la esclava puede sentir frío. Además, el Amo siempre es libre de ordenar que la esclava se vista como Él desee y con las prendas que Él considere, sin posibilidad de objeción por parte de la esclava. Por regla general, la esclava está obligada a desnudarse en cuanto cierre la puerta de casa al entrar.
Con respecto al calzado, no se establece consideraciones especiales. La esclava siempre ha de calzar lo que el Amo estime oportuno, o ir descalza, salvo riesgo de resfriado.
El collar es una prenda que siempre irá del cuello de la esclava, salvo cuando contradiga la Ley Suprema. Será el que el Amo elija para la esclava y solo se lo quitará exclusivamente para ducharse. Todo collar igual o superior a 7 cm de ancho solo puede ser puesto a la esclava por tiempo máximo de 48 horas por semana. El uso de grilletes es a juicio del Amo, sin restricción posible.
2) HIGIENE
La esclava tiene derecho a lavar sus manos siempre antes de comer, sin posible restricción al respecto, pero no tiene el permiso de hacerlo tras la comida, o en cualquier otro momento, a no ser que el Amo lo estime. Respecto a la ducha, será siempre que el Amo lo exija, pero se le garantiza un mínimo de una vez a la semana. La Ley Suprema restringe la negación intencionada de la ducha al buen juicio del Amo, considerándose expresamente oportuna la ducha antes de ir al trabajo o de visitar a un familiar o amigo si es necesaria.
La esclava está obligada a pedir permiso para hacer uso del servicio. El Amo puede negar el permiso a orinar siempre que desee, pero no el permiso a defecar. Orinarse encima no da derecho a la esclava a lavarse o ducharse.
La esclava tiene la obligación de tener sus uñas de pies y manos pulcramente cortadas del mismo modo que puede exigir que el Amo tenga las suyas cortadas. Las uñas de la sumisa pueden ser pintadas de la forma que el Amo estime oportuno, sin posibilidad de restricción, salvo conflicto con la Ley Suprema, como serían letras con contenido sexual escritas en las uñas.
La esclava tiene la obligación de depilar con cera todo vello de su cuerpo, a excepción de cejas y cabello. Del mismo modo, está obligada a, en el plazo de 6 meses desde el inicio del contrato de esclavitud, a gastar cuanto dinero sea necesario de sus propios ingresos para llevar a cabo la fotodepilación definitiva, o cualquier medio análogo, de todo el vello de su cuerpo, especialmente pubis, ano, axilas y piernas.
La esclava tiene relativa libertad para elegir peinado o corte de pelo, y además tiene derecho a negarse a una propuesta de corte de pelo que ella misma considere que pueda entrar en conflicto con la Ley Suprema. El Amo tiene el derecho a teñir el pelo de la esclava a su gusto, salvo conflicto anteriormente comentado.
La esclava está obligada a pintarse diariamente, salvo orden expresa del Amo o conflicto con la Ley Suprema, del modo que Él elija para ella.
La esclava está obligada a pasar una prueba de higiene diaria tras despertar. Si a juicio del Amo hubiese algún aspecto de la higiene mejorable, puede ser motivo de castigo leve, pero nunca severo.
3) COMPORTAMIENTO
La esclava está obligada a comportarse según los dictados del Amo. Su actitud siempre será sumisa. Debe procurar siempre el protocolo, según lo detallado en las "Características Protocolarias". Está obligada a mostrar un estado mental y de ánimo agradable y alegre, además de complaciente. Si el Amo considera que no está mentalmente estable, o la propia esclava es consciente de ello, ambos están obligados a comunicárselo a la otra parte con el objeto de tratar el tema en el rol de personas iguales, lo que implica la no necesaria aplicación del protocolo o cualquier otra conducta de este contrato por cualquiera de las partes. El Amo está obligado a consolar, ayudar y a satisfacer los deseos de la esclava con el objeto de remediar el estado de inestabilidad de ella.
La esclava debe ignorar su sentimiento de vergüenza, pudor o humillación ante cualquiera de las decisiones del Amo en cualquiera de los ámbitos de la vida de ambos. La esclava tiene la obligación de ignorar las ventanas abiertas de la casa, incluso aunque la muestren de forma humillante o sexual ante posibles observadores. Tiene prohibido cerrar la puerta del baño al defecar o la mampara de la ducha al ducharse, aunque haya otras personas en casa. Del mismo modo, tiene prohibido cerrar las puertas de los dormitorios en los que se encuentre. La esclava orinará donde y cuando el Amo le ordene, sin excepción ni posible negación, hasta el punto de orinarse encima si es necesario, con independencia de cualquier visita en la casa. Por regla general, orinará en un recipiente de plástico situado en su rincón.
La esclava carecerá por completo de vida privada. Esto implica la contraseña de su móvil personal y cuanta información hay dentro, de las distintas contraseñas de todo lo relacionado con internet, de toda conversación mantenida, on-line, por teléfono o físicamente. A cualquier pregunta del Amo, la esclava obedecerá relatando con absoluta precisión. Del mismo modo, cualquier conversación vía msn mantenida desde el trabajo, será guardada en un historial y enviada al Amo; cualquier sms o correo electrónico será mostrado.
La esclava tiene la obligación de comer como los animales, de un bol, sin cubiertos y en el suelo, salvo permiso expreso del Amo. Comerá cuando el Amo diga, la cantidad que el Amo estime y las veces que considere. El Amo tiene total libertad para prohibirle el alimento a la esclava, o por el contrario de obligarla a comer, con los límites de 24 horas sin comer o del dolor de estómago en el caso del sobrealimento. Impera en estos casos la lógica y salud de la esclava y la repercusión en su estado de ánimo.
La esclava dormirá, salvo orden expresa, en su rincón del salón especialmente diseñado para ella. Constará de un colchón en el suelo con funda, tres cojines que la esclava usará a su gusto, las sábanas y mantas necesarias en épocas de frío a consideración del Amo, el uso del calentador y del recipiente junto a la cama para hacer sus necesidades de forma obligatoria en horario de sueño.
La esclava tiene libertad para darle muestras de afecto, cariño y amor al Amo y viceversa, en la intimidad, a excepción de los casos en los que hay visita en casa, que debe mantener completamente el protocolo. No obstante, hay una regla que el Amo puede usar que le da el derecho de restringir de forma absoluta toda libertad de comportamiento de la esclava durante un plazo máximo de una semana en los que la esclava no puede, bajo ningún concepto en todos esos días, olvidar el protocolo, sus obligaciones y reglas. Esta regla se activa ante una orden específica por parte del Amo, y es obligación de la sumisa recordar en todo momento el tiempo de duración de dicha regla. Queda a juicio del Amo el uso de esta regla y su posible abuso, pero nunca podrá ser la tónica general de la relación de esclavitud. Se estima un uso máximo de 1 vez al mes.
4) CONTACTO
La esclava tiene libertad absoluta para mantenerse en contacto con familiares y amigos que desconocen de su estilo de vida. Puede usar el teléfono u otros medios de forma completamente libre, tanto enviar como recibir llamadas o análogos. No obstante, se le reserva el derecho al Amo de negarle a la esclava atender una llamada de familiar o amistad siempre y cuando esté interrumpiendo una conversación, una orden o una obligación o cuando la esclava está siendo usada.
La esclava tiene prohibido establecer contacto con cualquier persona, hombre o mujer, que sí sabe de su estilo de vida sin el consentimiento expreso del Amo. Esto limita a la esclava la posibilidad de hablar, directamente o mediante internet, con cualquier persona a desconocimiento del Amo. Toda persona que contacte con la esclava por el blog, deberá antes recibir un permiso para poder mantener contacto. Se prohibe, por supuesto, albergar sentimientos de deseo a otras personas. La esclava no puede olvidar que es un objeto, y que como tal, no se relacionará con nadie por decisión propia, salvo permiso del Amo.
La esclava tiene prohibido faltar a casa. Ir al trabajo, o visitar a un familiar por causa mayor, quedan fuera de esta prohibición. Para cualquier otra cuestión, ya sea visitas a familiares por causas cotidianas, visitas a amistades, quedadas con compañeros de trabajo, salidas nocturnas, almuerzos con amistades, etc. la esclava debe obtener el permiso expreso de su Amo. Llegar tarde a casa es considerado como falta grave y motivo de castigo severo.


CARACTERÍSTICAS DE LA CONVIVENCIA

La esclava sabe que convive en el hogar de su Amo en el régimen de sirvienta. Una de sus características fundamentales es la servidumbre. Ello implica que la esclava está obligada a preparar la comida, a entregarse a la limpieza del hogar y a la colada por encima de cualquier ocio personal.
1) COMIDA
Es obligación inexcusable de la esclava preparar y servir el desayuno diario. Irá a ello tras pasar la prueba de higiene diaria. No se establece ley protocolaria especial en cuanto al modo de hacerlo. Una vez el Amo marcha al trabajo, la esclava limpiará el menaje usado.
La esclava debe servir la mesa para el almuerzo en cuanto llegue del trabajo. A juicio de la propia esclava calentará la comida previamente cocinada o cocinará desde cero. Salvo orden expresa del Amo, la esclava puede decidir qué se almorzará. Los utensilios usados serán lavados por la esclava cuando llegue del trabajo a la tarde, que se estima sobre las 20.30 horas. Cuando no tenga que ir al trabajo, limpiará tan pronto el Amo y ella terminen de almorzar.
Para la cena valga la misma ley anterior. La esclava es libre de cocinar a la noche la comida para días siguientes si ella considera oportuno.
El Amo tiene el derecho a exigirle a la esclava cualquier comida. Si la comida no es agradable al Amo puede, a su juicio, sancionar a la esclava con un castigo leve. El Amo igualmente, tiene el derecho a exigirle a la esclava una comida diferente para ella, sea cual sea. Salvo orden expresa del Amo, ambos comerán lo mismo.
La esclava tiene la obligación de apuntar en la libreta de las compras todos y cada uno de los alimentos que detecte que faltan en casa, de modo que el Amo así pueda autorizarla para salir a comprar. El Amo es libre de ir con ella o no. De igual modo, el Amo puede decidir preparar personalmente la comida, pero para ello deberá comunicárselo a la esclava adecuadamente.
2) LIMPIEZA
La esclava tiene la obligación de realizar la limpieza de la casa mínimo una vez por semana, aunque lo hará siempre que el Amo se lo ordene. Si no hay orden, se considera el sábado por la mañana el día idóneo para la limpieza. El Amo tiene la libertad de ayudarda o entorpecerla a su gusto. Todo producto de limpieza a punto de agotarse ha de ser apuntado por la esclava en la libreta de las compras.
3) COLADA
La esclava está obligada a limpiar la ropa: lavadora, secadora, planchado y recogida en los armarios correspondientes. Imperan las mismas leyes que para la limpieza.


CARACTERÍSTICAS PROTOCOLARIAS

La esclava está obligada a recordar y aplicar todas y cada una de las reglas protocolarias aprendidas. Salvo lo remarcado en el apartado "Comportamiento" de las "Características Personales", la esclava está obligada a cumplir con el protocolo siempre, esté donde esté, y frente a quién esté, salvo peligro con la Ley Suprema o deseo del Amo. El protocolo aplicado consta de las siguientes características:
- La esclava olvidará su nombre, pues será llamada esclava, sumisa, perra, puta, zorra, guarra, cerda o cualquier otro descalificativo que el Amo considere para ella. Cualquiera de estas palabras surte el mismo efecto que llamar a la esclava por su nombre de pila.
- Ante cualquier llamada del Amo, la esclava dejará todo lo que esté haciendo y correrá hasta él, colocándose de rodillas, la mirada al suelo y las manos al frente, mostrándole las palmas al Amo. Los títulos propios del Amo que la esclava podrá usar para él son: Amo, Señor, Dueño, Maestro, Dómine o cualquier otro que el propio Amo considere.
- El Amo puede exigir que cualquier conversación sea hecha de rodillas y con la mirada al suelo.
- A la orden "siéntate" la esclava se colocará a 4 patas, en posición de perra, junto al Amo. La orden "muéstrate" en este caso obliga a la esclava a separar sus piernas, apoyar la cabeza al suelo y abrirse las carnes con las manos para mostrar su coño y culo al Amo.
- A la orden "túmbate" la esclava se tirará al suelo boca abajo, con los brazos cruzados en la espalda. La orden "muéstrate" en este caso obliga a la esclava a elevar un poco su trasero y abrirse las carnes con las manos para mostrar su coño y culo al Amo.
- A la orden "descansa" la esclava se sentará en el suelo con las piernas cruzadas y los brazos en el regazo. La orden "muéstrate" en este caso obliga a la esclava a abrirse de piernas y abrirse las carnes desde debajo de las piernas para mostrar su coño al Amo. La orden "recta" obliga a la esclava en este caso a sacar pecho y mostrar rectitud en los hombros y mirada al frente.
- A la orden "de pie" la esclava se pondrá de pie. La orden "recta" en este caso obliga a la esclava a sacar pecho y mostrar rectitud en los hombros y mirada al frente. La orden "muéstrate" en este caso obliga a la esclava a separar las piernas rectas, inclinar su cuerpo hacia el suelo y abrirse las carnes con las manos para mostrar su coño y culo al Amo.
- A la orden "espera" la esclava se pondrá de pie y recta de hombros, las piernas separadas, mirada al frente y brazos cruzados en la espalda. La orden "abajo" en este caso obliga a la esclava a flexionar las piernas hasta ponerse de cuclillas sin cambiar ningún otro aspecto de la postura de su cuerpo.
- A la orden "llena" la esclava irá a por el plug estipulado, se sentará sobre él, introduciéndoselo analmente y esperará hasta nuevas órdenes del Amo.
- A la orden "come polla" la esclava se pondrá de rodillas, las manos bien agarradas a la espalda, los ojos cerrados y la boca abierta.
- A la orden "ponte perra" la esclava adoptará el rol completo de perra, mostrándose y rondándole al Amo en todo momento.
Salvo orden expresa, Amo y esclava, irán por la calle basándose en la Ley Suprema, es decir, como pareja cotidiana. Las pruebas de afecto o amor expontáneas no son nunca motivo de castigo. Las pruebas de afecto o amor expontáneas en la intimidad no pueden ser siquiera reprochables.
La esclava no olvidará nunca que el Amo es la persona más importante de su mundo. En inferior escalón se encuentran la familia y amistades de la esclava. En inferior escalón se encuentran otros Dominantes y amistades del Dueño. En un escalón inferior se encuentran el resto de personas vainillas. En inferior escalón se encuentran otras/os sumisas/os y esclavas/os. El último escalón, inferior a una persona, y al nivel del resto de objetos de la casa, se encuentra ella.


CARACTERÍSTICAS SEXUALES

La esclava es consciente de que es un objeto sexual para el disfrute del Amo, que puede disponer de ella dónde quiera, cuando quiera, del modo que quiera, ante quienes el Amo quiera, el tiempo que quiera y las veces que quiera.
Tanto el sexo como el placer dejan de pertenecerle a la esclava, para ser propiedad exclusiva del Amo. De este modo, la esclava no puede solicitar sexo ni placer. Cualquier solicitud al respecto puede ser rechazada por el Amo sin mayor trascendencia. Por el contrario, es el Amo el dueño total y absoluto tanto del sexo como del placer de la esclava. Y no solo obligará a tener sexo a la esclava cuando el Amo considere oportuno, sino que también tiene el absoluto derecho de disfrutal del placer de la esclava a su gusto. Esto implica específicamente el orgasmo.
La esclava tiene restringido y controlado el orgasmo. Se correrá solo a la orden del Amo, cuando, dónde, las veces que el Amo quiera, del modo que él desee y ante las personas que desee. Si la esclava tiene un orgasmo no permitido, el Amo tiene derecho a imponerle uno de los castigos especiales a tal hecho. Del mismo modo, si la esclava no tiene un orgasmo cuando el Amo se lo exige, se le practicará el pertinente castigo especial si el Amo así lo desea.
Prácticas sexuales que la esclava está obligada a aceptar, con independiencia absoluta del apetito sexual de ella:
- Sexo vaginal, anal y oral.
- Semen dentro de su cuerpo o en cualquier parte de su piel o cabello.
- Garganta profunda.
- Consoladores, dildos y plugs.
- Fisting vaginal y anal.
- Bondage: inmovilización de su cuerpo o cualquier parte de su cuerpo indefinidamente.
- Pinzado: en cualquier parte del cuerpo.
- Cera: en cualquier parte del cuerpo excepto cabeza.
- Privación de sentidos.
- Sesiones tan largas como permitan la resistencia de la esclava.
- Pissing, tanto sobre su cuerpo o cabello, como tragado o en sus orificios.
- Grilletes, cadenas y mordazas.
- Negación del orgasmo: frenar completamente la estimulación sexual de la esclava. La duración máxima es de una semana.
- Tortura post orgasmo: seguir masturbando a la esclava sin descanso aunque tenga un orgasmo. La duración máxima la marca la propia salud de la esclava. Se le puede exigir a la esclava un mínimo de una hora ininterrumpida.
- Sexo con cualquier persona que dentro de casa solicite de sus servicios: la esclava está obligada a ser usada por cualquier persona que se halle en la casa, sea hombre o mujer, sin necesidad de pedirle permiso al Amo, por el simple hecho de ser amistad del Amo. Se permite cualquier práctica sexual propia del Amo a excepción de: semen dentro de su cuerpo, fisting, pinzado y pissing. Estas excepciones son absolutas: el Amo no puede exigir que la esclava las ponga en práctica con terceras personas bajo ninguna circunstancia.
Prácticas sexuales que el Amo no puede exigir ni solicitar (prácticas prohibidas):
- Sado: golpes por el mero placer de ver sufrir a la esclava.
- Scat.
- Zoofilia.
- Sexo con menores de edad.
- Inyecciones y en general todo lo relacionado con la sangre.
- Cesión: la esclava no puede ser cedida a otros Dominantes, ni siquiera con el Amo presente.
- Prostitución: el Amo tiene prohibido cobrar a cualquier persona que use a la esclava.


CASTIGOS

La esclava asume que comete errores, y que el medio para evitar repetirlos pasa por el conveniente castigo. Los castigos son parte fundamental de la evolución de la esclava, y de tal modo ella los acepta.
Se establecen tres tipos de castigos, en función de la gravedad y del error cometido. Dichos castigos solo podrán efectuarse por el Amo, nunca por terceras personas. Igualmente, dichos castigos se realizarán exclusivamente en la intimidad del hogar, y no ante terceros. Por importancia son castigos leves o castigos severos, y son a consideración del Amo el considerar una falta leve o merecedora de castigo severo, a excepción de lo específicamente detallado en el contrato de esclavitud. Hay otra categoría, los castigos especiales, que se usarán para casos específicos.
1) CASTIGOS LEVES
Son así clasificados los de rigurosidad leve a moderada, tanto por complejidad, como por dureza. Pueden ser los siguientes:
- Golpes: azotes con mano o vara. Nunca sesiones de azotes. Hacer llorar a la esclava da por concluido este tipo de castigo.
- Inmovilización: atar a la esclava e ignorarla. Nunca más de 12 horas. Nunca en horario de descanso.
- Negación de la comida o restricciones en cuanto a ella, dentro de los plazos máximos permitidos.
- Negación de los permisos de contacto con familiares y amigos por plazo máximo de 1 semana, no acumulables.
- Otros, a juicio del Amo.
2) CASTIGOS SEVEROS
Son los clasificados como especialmente rigurosos o duros, motivados por faltas graves de la esclava. Pueden ser los siguientes:
- Golpes: azotes con mano o vara. Máximo sesiones de 20 azotes por cada 15 minutos en espalda o culo. Máximo sesiones de 10 azotes por cada 15 minutos en pechos o estómago. Máximo 50 azotes en cómputo total en vagina. Hacer llorar a la esclava no da por concluido este tipo de castigo. La marca de sangre sí da por concluido este tipo de castigo.
- Inmovilización: atar a la esclava e ignorarla. Nunca más de 4 días completos seguidos, salvo conflicto con la Ley Suprema. Totalmente permitido en horario de descanso, salvo el día inmediatamente anterior al trabajo.
- Negación de comida o restricciones en cuanto a ella, dentro de los plazos máximos permitidos.
- Negación de los permisos de contacto con familiares y amigos por plazo máximo de 1 mes, no acumulables.
- Negación de cualquier solicitud de permiso por parte de la esclava por plazo máximo de 1 mes, no acumulables.
- Otros, a juicio del Amo.
3) CASTIGOS ESPECIALES
Motivados por faltas concretas en la esclava, generalmente referidas a características sexuales. Son aplicables a juicio del Amo, como complemento a un castigo leve o severo. Pueden incluirse tantos castigos nuevos como estimen las dos partes del contrato de esclavitud, siempre por consenso.
- Por orgasmo no permitido: negación del orgasmo durante el resto de la sesión. Para más de 1 orgasmo no permitidos en una misma sesión se permite la negación del orgasmo de hasta 1 mes de duración, no acumulable. Para más de 4 orgasmos no permitidos en una misma sesión se permite la negación del orgasmo de hasta 6 meses de duración, no acumulable.
- Por orgasmo solicitado y no dado: obligación de masturbación en intervalos de 1 hora con 15 minutos de descanso, hasta un máximo de 12 horas. Para más de 2 orgasmos solicitados y no dados, obligación de masturbación en intervalos de 1 hora con 5 minutos de descanso, hasta un máximo de 72 horas, salvo conflicto con la Ley Suprema. Está permitida la participación de terceras personas en este castigo.
- Por fallo de comportamiento ante una relación lésbica solicitada: obligación de la esclava a que sus próximos orgasmos sean obtenidos exclusivamente en una relación lésbica, en número de orgasmos a juicio del Amo, con un máximo de 10 orgasmos, no acumulables.
- Por fallo en la práctica del fisting: obligación de la esclava a ir llena, ya sea vaginal o analmente, con cualquiera de los dildos que el Amo estime oportuno, con un máximo de 24 horas.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Mi presentación: soy una esclava.

Mi vida se encuentra en una situación a medio camino entre novedosa y experimentada. Desde que renací como esclava del Señor Hielo hay algunas cosas que han cambiado en mi vida. Aunque otras están exactamente igual que en el origen: como mi amor infinito hacia Él.

Sin embargo, ya hablé levemente el otro día de ciertas condiciones que debía cumplir si quería ser readmitida como el juguete predilecto de mi Dueño. Es evidente que el cambio ha sido hacia arriba en la escalera de mi sumisión. Aún no toco el cielo, aún están muy altas las nubes, pero ahora miro hacia abajo y veo el paisaje pequeñito. Mi Dueño me insta a detallar cada uno de los aspectos del contrato que Él como Amo y Propietario de laura, y yo como objeto y esclava Suya, hemos tenido a bien desarrollar tan extensamente para que no quede nada a la libre interpretación. Es esto una costumbre en el mundo del bdsm. Contratos de esclavitud habrá miles, restrictivos o permisivos según cada pareja, según cada deseo, según cada placer. El nuestro, el que mi Amo y yo firmamos libremente y como prueba de nuestro estado civil actual -aún a sabiendas de la nula validez legal- ha sido creado, detallado y firmado de forma totalmente libre y mediante el diálogo entre las partes. Es cierto que había ciertas exigencias que he aceptado sin posibilidad a negociación, pero igualmente cierto es que son necesarias para recuperar esa confianza erosionada en estos meses.

El detalle y punto de cada aspecto de nuestro contrato lo mostraré en otra ocasión, pues ahora más que nunca, me encuentro con la escased de tiempo como principal enemigo. Necesito el tiempo para escribirlo al completo. Sin embargo, ahora deseo compartir esos cambios fundamentales en los que mi vida ha cambiado.

Como primer acercamiento a mi nueva y feliz situación un pequeño inciso: el mundo de los 24/7 sin límites. Mucho se habla sobre ello. Para mí es algo así como un concepto en el que la gente muy experimentada se enorgullece de expresar. Como un sello de calidad. Pues muy bien, yo no soy 24/7 ni creo que sea un estado realmente alcanzable. Pero cada quién que viva su vida, y si las perfectas esclavas gritan ilusionadas que viven un 24/7, yo digo con la mayor de las ilusiones, que mi vida es un 23/6, y que dudo que pueda ser más propiedad de mi Dueño de lo que ya soy y de como me siento.

El primero de mis cambios es algo obvio. Ahora vivo con mi Dueño. Y como todas las parejas que viven juntas, no puedo hacer lo que me venga en gana. He de cumplir unos horarios (limitados por mi trabajo) del mismo modo que tengo unas obligaciones en cuanto la limpieza del hogar, la comida y todas esas cosas propias de las parejas que comparten su vida, y más propias aún para una esclava. Ahora si deseo salir con amistades, debe mi Amo autorizarlo.

He de cumplir con mis obligaciones y tenerlas siempre presente todos los días y durante todo el día. Esto implica mi vestuario (o ausencia de vestuario en casa -con las excepciones lógicas de los días de tremendo frío siberiano-), mis obligaciones sexuales, mis obligaciones protocolarias (aunque dar un beso, una caricia o un susurro de amor son libres) y tantas otras cosas que he vivido de fin de semana en fin de semana y que ahora son diarias, sin excepción.

He de mostrarme esclava, tal cual soy, ante cualquier persona que se encuentre en casa. Cualquier amistad de mi Dueño puede pedirme tanto que le sirva una bebida como que le haga una mamada sin necesidad de una autorización expresa de mi Dueño. Hay ciertas reglas, pero básicamente es tal cual así.

He de dormir en Su cama solo si Él lo autoriza expresamente. Si no dice nada, he de entender que no tengo permiso y deberé pedírselo o dormir en mi rincón de esclava. Igualmente esto sirve de cara a la comida.

Todas las mañanas despertaré a Su hora, y tendré que pasar una inspección de higiene que solo puede ser obviada por Su parte, pero nunca por la mía. Incluye detalles como cierto maquillaje diario o alguno específico a Su orden, el cortado de las uñas, la depilación o el cabello.

Nuestra convivencia en pareja no cambia a como ya era, pero tenemos una palabra "mágica" que dicha en los labios de mi Señor, me obliga a comportarme absolutamente protocolaria y servicial hacia Él hasta que expresamente indique. Es decir, un momento que puede durar hasta una semana completa máximo en la que me convierto en esclava sin ningún derecho, donde mi vida se hace más 24/7 que nunca, donde dejo de ser yo, para ser totalmente Su objeto. Esto no está destinado a sobrepasar límites sexuales ni nada de eso, sino a olvidar restringir mis instintos de amor, donde un abrazo o un beso no puede venir de mí, sino que soy solamente receptora a Su entender. Solamente su esclava.


laura{Hielo}
La zorra esclava de Hielo.

lunes, 20 de febrero de 2012

Vuelta al Blog


Saludos. Saludos a todo el mundo. A Dominantes; a Amos y Amas. A sumisos y sumisas. A algún switch que conozco. A personas aún no situadas. A inquietos. A curiosos. Y en general, saludos a todo aquél que alguna vez ha habitado por mi blog, ha leído algo sobre mí, ha perdido sus preciados minutos en leerme, ya sea todo el blog o un par de líneas. Saludos a todos.

No es necesario decir que después de tantos meses sin actualizar el blog algo debió de ocurrirme. No es necesario explicar que mi vida ha estado a la deriva todo este tiempo. Todos somos adultos y sabemos lo que ocurre cuando se pone fin a una relación. Motivos hay muchos. Pero lo único importante es el dolor que queda con la pérdida. En las relaciones cotidianas quizá sea tan duro como en las bdsm, pero el vacío que queda tras la marcha de tu Amo es tan duro, que haces cualquier cosa con tal de corregir tus errores. La sumisa siente un tremendo impulso para evitar que todo cambie, para evitar quedar libre.

Pero yo no lo hice. Al contrario, simplemente asumí que mi Amo dejaba de ser mi Amo. No luché por la relación. No removí cielo y tierra por evitar mi libertad. Los motivos: miedo, vergüenza, dolor y odio a mí misma. Odio a mi propia pasividad. Quizá la pasividad sea una característica aceptable para una sumisa, pero el grado en el que yo me muevo es reprochable. Días y más días de intenso dolor que solo tienen por respuesta más pasividad por mi parte. A ojos de los demás, una persona sin corazón; como sentimiento propio, un estado de desequilibrio a punto de romperse, pero que nunca termina cayendo. He sufrido, he llorado, he gritado, he entrado en un estado depresivo... pero no he actuado.

Como nunca he querido convertir mi blog en un relato de sexo, o en este caso, suspense resumiré y sobre todo anunciaré: la relación está salvada. Actualmente soy más esclava que nunca de mi Señor el Amo Hielo. Pero hemos pasado meses muy malos. La relación ha estado en un punto casi irreconciliable debido a mi pasividad, a mi falta de decisión, a la aceptación de los problemas. Y ese ha sido el motivo por el que el blog ha permanecido en estado criogénico todo este tiempo. ¿Qué iba a decir? ¿Qué podía contar? No quería escribir nada hasta saber dónde terminaría mi vida. Si era punto y seguido, o cierre definitivo.

El origen de este complejo problema en el que nuestra relación ha estado al borde de la ruptura definitiva ha sido, como suele decirse, motivos personales. Motivos propios, que a mi Dueño no implicaban directamente, pero que lo marcaban de forma definitiva. No deseo explicar el suceso tal y como ocurrió, pues es tan doloroso como humillante. La mala fortuna y la poca precaución por mi parte hizo que mi familia descubriese que mi "pareja" era algo muy distinto a lo que ellos denominan "pareja". Nada saben mis padres de bdsm. Y eso es lo peor. Pues no entienden ni desean entender que mi vida es una decisión personal tomada con libertad y profundo deseo. Ellos solo ven a un hombre que humilla a una mujer, que la insulta y se ríe de ella. Si quisieran saber, descubrirían que esos sentimientos son más propios de las parejas vainillas.

He pasado los dos meses anteriores a diciembre intentando una relación de ocultismo con mi Dueño, situando a mi AMOR y PROPIETARIO en un incómodo y desesperante estado de confusión, situándole en el último escalón de mis prioridades. Debíamos mantener conversaciones a escondidas de mi familia, tenía prohibido faltar a casa a dormir, estaba en continua tirantez con mi Dueño, que veía con toda la razón, cómo su Poder y sus Derechos sobre mí eran relegados a un segundo plano, cómo mi pasividad para ponerle fin a eso, para tomar una decisión, para olvidarme de lo que opinen mis padres y centrarme en mi futuro, en mi Dueño y amante, en mi vida, estaba destrozando la relación.

Fueron dos meses aproximadamente. Tras eso la paciencia de mi Dueño se agotó. Llegaron los ultimátum, los reproches y las dolorosas despedidas. Pero seguía Su espera, la eterna espera de mi Amo que ha permitido que todo haya florecido nuevamente, revitalizándose. Seguía su espera y seguía mi pasividad. Yo solo tenía que tomar una decisión: olvidar lo que mi familia piensa de mi Dueño, y vivir con Él, algo que por otra parte siempre deseé -aunque no de esta forma, evidentemente-.

He pasado los meses de diciembre y enero en un estado de absoluta depresión, tanto por la relación perdida como por mi frustrante pasividad. Mi Amo me esperaba, ¡después de todo lo que le estaba haciendo me esperaba!, pero así pasaban los días y lo único que hacía era hundirme más. Viviendo en una situación de incomodidad absurda con mis padres, sin vida bdsm, sin sexo, sin pasión, sin mi Dueño...

Maldita pasividad. Me veía incapaz de reaccionar. Y no habría reaccionado si no fuese nuevamente por mi Dueño. Antes de nada digo: este blog es mío, exclusivamente mío, no es de mi Amo Hielo. Yo mando sobre mi blog. Y diré algo que no he hablado con mi Dueño directamente: no creo que lo que me dijo lo hiciese con la intención de reaccionar, simplemente pienso que lo hacía con la intención de desaparecer de mi vida bdsm completamente. No creo que mi Dueño esperase que rompería con mi pasividad. Pienso que Usted me daba por perdida del mismo modo que yo misma me daba por perdida a mí misma.

Reaccioné porque descubrí con las últimas veces que hablamos que nuestras conversaciones eran puramente amistosas. La última especialmente. Mi Amo (exAmo) deseaba ser mi amigo. Tratarme como tal. Sin más objetivos, sin deseos ocultos, sin segundas intenciones. Ha sido lo más doloroso que he sentido nunca. Creo que para una esclava, perder a su Amo es increíblemente doloroso, pero estoy convencida de que aún más doloroso es tenerlo a tu lado nuevamente pero solo como amigo. Si alguien ha vivido lo mismo que yo, estoy convencida de que podrá darme la razón.

Lo que sigue es la parte buena de toda esta historia, pero también agridulce. El día 11 de febrero reuní todo el valor del que fui capaz, hice dos enormes maletas a escondidas, aprovechando que no había nadie en casa en ese momento, y me marché. Acepté todas y cada una de las condiciones que mi Dueño me impuso si quería readmitirme como sumisa de Su propiedad, y me establecí en casa de mi Señor, desde entonces también mi propio hogar; nuestro hogar.

He dejado atrás a mis padres, los cuales se indignaron más que nunca con mi decisión, y con el hecho de hacerla a escondidas de ellos. No he vuelto a hablar con ellos. He dejado atrás a mi segundo amor, a mi hermana, la cual me apoya y me ayuda a servir de intermediario en esta compleja situación. Hablo con ella casi a diario. Y he dejado atrás la vida de libertinaje en la que podía salir y entrar en casa según me pareciese.

Todo lo que dejo atrás lo hago a sabiendas de lo que pierdo, con la seguridad de que mi felicidad está en juego, y que mi Dueño es mucho más importante que todo lo demás que rodea a mi vida. Definitivamente, soy inmensamente feliz escribiendo nuevamente en el blog.


laura{Hielo}
La zorra esclava de Hielo.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Mis sesiones: necesidad de orgasmo.

Hace ya un par de semanas que ocurrió algo que me ha hecho razonar mucho al respecto. El orgasmo es un regalo que mi Señor tiene en bien regalarme cuando Él lo desea. Mi cuerpo es un juguete en Sus manos. Me correré cuando Él tenga en bien concederme ese premio.
Cuántas veces me dije estas cosas al inicio de mi relación. Cuando aún no se tiene muy claro hasta dónde podemos llegar. Cuando el ser sumisa provocaba más preguntas que objetivos. Pasa el tiempo, llega la experiencia, pruebas cosas nuevas, rompes algunos tabúes y terminas no solo aceptando ese hecho, sino disfrutándolo. Así es como debe ser: una sumisa no puede correrse cuando a ella le venga en gana. El orgasmo es un premio que se nos concede. Así lo creo. Así debe ser. Pero siempre hay experiencias que te llevan a poner en duda todo lo que tenías tan claro.
El domingo fue el día que mi Amo decidió para ponerme a prueba. No me dijo qué ocurriría, solo que tendríamos a nuestro amigo Amo Sv., a su esclava libélula{Sv} y a otro señor de visita más tarde. Sobre las 9 de la mañana me puso las esposas y ató mis brazos al cielo, obligándome a permanecer de pie, con los brazos hacia arriba y las piernas abiertas. Ató mis ojos con un pañuelo negro y me dejó sola desde entonces. No ocurrió nada más. Allí permanecí: atada, ciega, inmóvil, caliente. La sensación, el no saber en qué momento ocurriría algo, la espera,... todo me provocaba escalofríos de placer. Mi Amo volvió a las dos horas, me insultó por lo increíblemente mojada que estaba y me explicó lo que quería de mí: los invitados llegarían en poco tiempo. Tendrían derecho a tocarme, pero no a follarme (así ha sido siempre). Mi Señor no quería que me corriera; quería que les demostrase a los invitados mi capacidad para aguantar el placer.
Me puse nerviosa. No era el mejor momento para demostrar eso, pues estaba tan mojada que apenas aguantaría cinco o diez minutos. Se lo hice saber a mi Dueño, que me seguró que habría castigo si tenía un orgasmo sin permiso.
Poco más tarde llegó la visita. Reconocí la voz de Amo Sv. y la de su esclava, pero no la del otro Amo (aunque ahora ya sí sé de quién se trata). Oí la orden de Amo Sv. para su esclava, cómo ella debía acercarse a mí para besarme. A estas alturas ya no resulta chocante comerme los morros con libélula{Sv}. Creo que después ella hubo de ponerse de rodillas a mi lado y esperar nuevas órdenes. Hablaron un rato de mí: palabras agradables, algunos insultos picantes, felicitaciones a mi Señor -lo cual me enorgulleció muchísimo-. Oí las reglas del juego, salidas de los labios de mi Señor. Podían tocarme el clítoris y todo lo demás -incluso besarme-, pero no introducir dedos ni masturbarme sin el permiso de mi Amo. Todos aceptaron la idea, aunque me imaginé que las reglas estaban pactadas de antemano y solo las dijeron para que yo las oyera.
Mi Amo dijo marchar a la cocina a por unas copas y algo de picar, momento que se aprovechó para usarme como juguete. Los dos Amos me toquetearon el cuerpo, mientras que la orden de Amo Sv. para libélula{Sv} fue lamerme los pies en profundidad. De vez en cuando dejaban de toquetearme (para usar a libélula{Sv}). Mi Amo me susurró al oído frases inquietantes para ponerme aún más difícil mi obligación de no abandonarme al placer. Usó crema sobre mi cuerpo. Entonces fue cuando cuatro pares de manos impregnadas en crema jugaron con mi cuerpo, masajeando cada milímetro de mi piel, proyectando descargas eléctricas en mi interior, en mi centro de placer. No me masturbaban. Mi coño lo dejaban casi intacto. Pasó muchísimo tiempo, quizás un par de horas seguidas de manoseo contínuo. Y en ningún momento tenían intención de masturbarme.
Yo estaba desesepada. Una sensación próxima al orgasmo pero en la que falta el elemento fundamental para arrancártelo. Era axfisiante, y aunque algunas veces he sufrido una prueba similar, nunca durante tanto tiempo sin descanso, y con tantas  manos sobre mi cuerpo. Mi Amo me dio la orden varias veces de que dejara de gemir, pero es que lo hacía sin ser consciente. Varias veces, también, me negaron el permiso para hablar. Los oía reir, comentar cosas. Sabía que estaba manchando el suelo con mis líquidos, eso no tenían que asegurármelo. Reían cuando le daban la orden a libélula{Sv} para que me besara, porque era incapaz de seguir la lengua de ella. Llegó un momento en que casi no oía nada. Desesperante. Una necesidad completa y absoluta de orgasmo.
Se me negó el permiso para hablar, pero hablé de todos modos. Se me escaparon dos palabras, saltándome por completo el protocolo: "Amo fóllame". Eso enfadó a mi Señor, pero en mi estado no le di importancia a Sus palabras en mi oído. Según parece, repetí una y otra vez esas dos palabras. Así que mi Señor puso fin al juego. Todos se apartaron y solo quedó Él junto a mí. Me daba fuertes golpes con Su mano directamente hacia mi coño. Aunque exitada hasta el abismo, me dolió cada golpe como si fuese el único. Me dijo mi Señor que él no me follaría, pero que si quería romper las obligaciones que se me habían impuesto había otros dos Amos en casa. Sabía lo que eso implicaba. Incluso mi cerebro extasiado lo supo desde el principio. No dije nada, pero entonces todas las manos volvieron a mi cuerpo, incluso sentí una lengua posarse en mi coño levemente. Al poco pedí ser follada. No era yo quien hablaba. Era mi necesidad de orgasmo. Una necesidad que me ha convertido en una mala sumisa. Que me ha hecho ser consciente de que otra vez, pongo a mi placer por encima de mi Dueño.
Amo Sv. me colocó en el suelo, se puso sobre mí y me folló. En su momento me pareció fundamental vivir eso. Ahora me siento un poco más puta que antes. Llevo dos semanas pidiendo perdón por lo que hice, dos semanas de duro castigo por ello. Y sin embargo mi Señor no parece darle la importancia que yo le doy a ese hecho. Para Él es una reacción normal del cuerpo humano, del deseo, del momento previo al orgasmo. Para mí un fallo en toda regla. Y eso hizo que fuese yo misma la que solicitara un castigo más allá de una simple reprimenda. Porque no quiero regalarle el orgasmo más intenso que he sentido en mi vida a una persona que no sea mi Amo, y porque ni siquiera fue decisión de mi Amo el que se lo regalase a otra persona.
Ya puedo decir que he roto un nuevo tabú: he follado con otro Amo delante de otras personas (entre ellas mi Señor). No entraba en mis planes llegar a eso. Aunque sé que no es ningún trauma, solo una experiencia más. Lo que me duele es fallar en lo básico, pues todo aquello lo hice pensando exclusivamente en mí y no en mi Señor. Desde el domingo 18 pongo todo lo que está en mi mano para compensar ese fallo. Espero tener la fuerza para pasar este castigo.

La zorra esclava de Hielo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Mis confesiones: bendito juego.

Perogrullada mental: la vida de una sumisa está llena de juegos.
Desde mis comienzos, una de las principales cosas a la que debí acostumbrarme. En mi caso ha sido bien sencillo. Me encantan las sorpresas, los juegos, el morbo. Diría que no podría ser yo misma si eliminaran este brochazo del lienzo de mi vida.
Ha habido (y sigue habiendo) juegos de todo tipo: más o menos inocentes, divertidos, complejos, difíciles, extraños. Es lo maravilloso de mi vida; nunca puedo esperar nada, la sorpresa puede venir desde el ángulo más inverosímil de la mirada de mi Señor. Esas pupilas que queman y hacen arder mis entrañas. Mi Amo siempre ha aceptado ideas, así que me lo pone muy fácil para que mi fantasía sea compartida con Su mano. Es lo interesante: cualquiera puede tener ideas excepcionales. Por tanto: se aceptan ideas. Hágalo en el buzón, como las corporaciones empresariales, o comuníquelo en papel autocopiativo, tres copias. El caso es que cualquiera puede contarnos experiencias, ideas o conceptos como comentario (ojalá la gente se animara a eso).
Como ejemplos de ese bendito juego ya realizado por esta sumisa y Su Señor:
> Inocentes: una especie de juego de los espejos (hace bastante tiempo que no lo ponemos en práctica), en donde debo observarme al espejo: exclusivamente a mí. Permanezco de pie, firme, dispuesta. El roce de las llemas de los dedos de mi Señor en mi piel hace el resto.
> Divertidos: arrodillada junto a Él, con la vista fija en Su miembro duro. Me hace preguntas de todo tipo. Con cada acierto me indica que me ponga de pie y me besa. Con cada fallo debo tragarme Su polla hasta lo más profundo de mi ser. Quizá no lo parezca, pero se echan grandes risas con esto.
> Complejos: debo ser una estatua, que a cada orden cambio a una determinada postura en un determinado lugar de la casa, previamente aprendido. Al ser una estatua no puede afectarme nada que se me haga. Se crean situaciones extravagantes y morbosas.
> Difíciles: una de ellas es algo que he hecho en mi 24/7 de este verano. Cada vez que comía en casa, debía hacerlo después de mi Señor. Cuando era mi turno, Él me masturbaba y jugaba con mi coño fuertemente. Tenía prohibido correrme, así que debía concentrarme en mi almuerzo y solo en mi almuerzo. Si me arrancaba un orgasmo, él se correría sobre mi comida. Si tras eso volvía yo a tener un orgasmo, el castigo sería físico. Ni que decir tiene que a cada minuto que pasaba era más y más difícil tener ganas de comer y de acabarme el plato.
>Extraños: a veces quiere que no me quite la ropa al llegar a Su casa. Escribe en un folio una lista de veinte o treinta palabras (según la dificultad que quiera darle), las palabras que Él desee. Me las enseña unos segundos y después las esconde. Desde entonces son palabras tabú. Él estará pendiente, y cada vez que diga una de esas palabras estoy obligada a tomar un vaso entero de agua. Tengo prohibido entrar al baño a orinar. Así que es irremediable que, llegado el momento de la tarde, deba aliviarme meándome encima. Por supuesto sin poder cambiarme hasta que Él no de por concluido el juego.
Esto no es más que una ínfima porción de todo lo practicado, que a su vez no es más que una parte infinitesimal de todas las posibilidades de juego. ¿Quién propone más?

La zorra esclava de Hielo.

lunes, 22 de agosto de 2011

Mis confesiones: la marca.


Parece raro que tras dos semanas de intensa esclavitud 24/7 no hubieran quedado marcas en mi cuerpo. Es la realidad. No hay marcas: no ha habido azotes, ni golpes, ni ningún tipo de corte quizá más común en relaciones más extremas. Mi única marca es mi piel morena tras algunos días de nudismo en la playa. Mi prenda: mi collar. Nada más. Mi marca.

La zorra esclava de Hielo.

lunes, 15 de agosto de 2011

Mis pensamientos: actos de locura.


Siempre he sido persona de darle mil vueltas a la cabeza: decisiones, gustos, aprobaciones, deseos,... en todo necesito de mil y un razonamientos, pensar en ello, debatirlo conmigo misma, conocer opiniones de los demás, intercambiar ideas con amigas. Seré insegura. Probablemente: siempre he necesitado de quienes me rodean. ¿Cómo pido entonces una opinión de algo tan oculto en mí que casi no es conocido ni por mí misma? ¿Cómo confrontar razonamientos sobre bdsm? Sin duda, siento que cada día estoy más desdoblada en dos personas bien distintas. Conciliación entre vida vainilla y bedesemera cada vez más lejana.
No me importa. Lo decidí así. Mejor dicho: mis experiencias personales así me instigaron; no pasa el día en el que no piense en la posibilidad de que mi "supuesta inseparable amiga" les hable a las demás sobre mi estilo de vida. Un ligero toque amargo en el dulce de mi vida bdsm.
Así que (volviendo al hilo), ¿con quién debato sobre los motivos por los que me gusta mi vida? Tengo a mi Amo, Mentor y Amado, tengo amistades bdsm (unas más lejos, otras más cercas; todas muy queridas). Debato con ellos: me gusta y saco grandes conclusiones. Sin embargo, siempre he sido de saber todos los puntos de vista. Necesito todas las opiniones. ¿Cómo lo hago? ¿Cómo hablo de mis gustos bdsm con alguien ajeno al bdsm? Definitivamente me encerré en la propia trampa de mi vida, de mi forma de ser y de pensar. No quiero compartir mi vida con mis amistades vainilla pero necesito de sus opiniones. Dilema a la vista. Resultado: nunca habrá ese debate.
¿Qué puedo hacer? Debatir conmigo misma. Con mi lado vainilla, si es que alguna vez tuve uno.
¿Por qué me atraen las cosas que me atraen? Y no me refiero a la servidumbre hacia mi Dueño o el control al que soy sometida. Hablo de deseos puramente carnales. ¿Qué me lleva a cometer estos actos de locura?
> El bondage. Mucha gente dice disfrutarlo. Yo no: no lo disfruto. La realidad es que me excita. Muchísimo. No es disfrute, es la máxima de las excitaciones. ¿Por qué? ¿Por morbo? ¿Por la idea de estar a merced de mi Dueño? ¿Por estar haciendo algo prohibido? Será un poco de todo esto, pero debe haber algo más. A veces permanezco horas y horas en una misma postura, sin ser rozada por mi Señor, sin siquiera Su visión frente a mí, y sin embargo me siento excitada, cada vez más. Sé que mi Dueño hará acto de presencia, eso me excita: debe ser la espera. Pero a veces sé que será cuestión de horas, y no consigo dejar de exitarme. Si me concentro en mis músculos, los siento doloridos, incómodos. Y no consigo dejar de excitarme. ¿Por qué? Hace poco tuve mi más larga sesión: tuve momentos duros, de agotamiento. Y sin embargo, en esos momentos de máxima soledad, si me abstraía y me concentraba exclusivamente en la idea de lo que estaba haciendo conseguía excitarme. Así puedo estar horas, pasando de un estado de incomodidad a uno de excitación. Dicho en plata: notando mis líquidos bajar pierna abajo. Y aún sigo sin saber muy bien por qué.
> La penetración. Para los hombres básico para llegar al orgasmo. Para las mujeres no tanto. Para mí, lo básico es que no haya. Me explico: me encanta ser penetrada por mi Señor (¡faltaría más!), pero para mí es fundamental Sus juegos. Sentirme penetrada. Sentirme de pronto vacía. Sentir Su miembro golpeando mi clítoris. Sentir Sus dedos recorriendo mis pechos. Sentir la súbita e inesperada penetración de algún juguete. Sentirlo quieto dentro de mí, mientras tengo la polla de mi Amo en la boca. Sentirme nuevamente vacía. Sentir como se desahoga en mi ano. Sentir Sus mordiscos por toda mi piel. Sentir Sus labios, Su aliento, Su aroma. Y llegarme el orgasmo en cualquiera de esos momentos, sin ser penetrada. Inexplicable. Es lo que deseo. Si el futuro me aguardase un revés amargo y no contase con mi Dueño, sería incapaz de relacionarme con una persona que busca la postura del misionero en mí. Sería humillante, incluso. Sería indignante. ¿Es que acaso no me arrancaría así un orgasmo? Seguramente sí. Pero creo que yo ya no llamo orgasmo a eso. No sé qué otra cosa pensar.
> La humillación. Tras casi año y medio bajo el poder de mi Dueño, sigo sin saber qué es lo que se activa en mí al oír Su voz llamándome zorra, puta, comepollas o frases más elaboradas. Una gran realidad: el trato humillante no me humilla, me encanta. Imagino que le ocurre a la mayoría de sumisas (o puede que no). Los momentos más felices son cuando soy tratada como un auténtico objeto, vejada sexualmente, tratada como un juguete. Usada. Estar de pie frente a Él, oír Sus insultantes gritos, sentir cómo me escupe, me coge del pelo, me lleva a Su terreno. Sentir Su fuerza, Su tenacidad. ¿Es eso? Sin duda me gusta que mi Amo sea poderoso, que me transmita esa seguridad de que nada ni nadie puede hacerme nada. Pero cuando me mojo al ser empujada violentamente a la cama mientras oigo sus insultos, pienso que sin duda hay mucho más que esa sensación. ¿Qué es? No sé. Algo más.
> Las relaciones lésbicas. Esto me coge mucho más de novedad. No en mi vida personal, pero sí en mi relación bdsm. No soy/nunca fui/no seré lesbiana. No soy/nunca fui/no seré bisexual. Eso lo digo sin ninguna duda. Me he acostado con mujeres, he comido y me han comido, sí. Pero siempre fue un medio para el desahogo. He tenido algunas mujeres desnudas frente a mí y nunca me he sentido excitada por ello. Tampoco me ha repugnado, todo sea dicho: me considero bastante abierta de mente. Pero llega el día en el que soy forzada por mi Dueño a mantener una relación lésbica y todo cambia. Quiero decir: veo a esta compañera desnuda y no siento excitación alguna. Pero si detrás están las órdenes de mi Dueño, si Sus manos fuerzan el límite del control de esta compañera, si veo su cuerpo sonrojado por el éxtasis, la mirada perdida por el orgasmo obligado, entonces siento mil remolinos de llamas en mi interior. No puedo apartar la vista de esta chica, su cuerpo convulso, su sexo, su pasión. ¿Qué hace que esta escena me excite? Sin duda la presencia de mi Amo. Pero centro la imagen en ella, solo la veo a ella. Me excito. No es la presencia de mi Amo, ha de ser Su halo que envuelve la escena. ¿Me estoy excitando al ver a una mujer? ¿O es al ver la obra de mi Señor?

Normalmente la gente opina que para todo hay una respuesta. Yo soy de las que no. Un ejemplo: el sentido de la vida. ¿Será mi vida bdsm otro de esos ejemplos de enigmas irresolubles? Quizá sí. O quizá alguien con más experiencia tenga una respuesta. Por el momento, creo que me conformo con ser el juguete de mi Señor. Que no es ninguna tontería.

La zorra esclava de Hielo.